Las nubes

No sé si por ocultas sepulturas,
cumplidos los rituales de la gloria,
se fueron para el cielo, sin memoria,
las almas de las muertas esculturas.

Imágenes perdidas, sus figuras
procesan por la extraña lejanía.
Metáforas del agua. Se diría
que son, al fin y al cabo, travesuras.

Tal vez serán el humo convenido
de un código secreto, las señales
que mandan los caciques ancestrales.

Acaso Dios temiendo estar perdido,
cual sabio Pulgarcito precavido,
las puso como migas celestiales.

Sólo una muerte por persona

Verdugos Asociados ofrece sus oficios
a todos los que quieran gozar del bien morir.
Escuchen sus ofertas, requieran sus servicios,
disfruten de la muerte que sepan conseguir.

Verdugos Asociados es una empresa seria.
No tiene sentimientos que puedan molestar.
Es sorda a los lamentos, ignora la miseria
y en cuanto a la conciencia, la sabe hacer callar.

Son módicos los precios .Se dan como adelanto
algunas ilusiones que sepan renunciar.
Prendamos la esperanza con simple desencanto
y en cómodos fracasos se puede amortizar.

Reciban en su casa, smog en espirales,
tal vez en su duodeno, la estocada puntual.
Si en cambio Usted prefiere, derrames cerebrales
consuma nuestro «stress» moderno y funcional.

No sea un anticuado y súmese al progreso.
No espere la sorpresa que guarda el hospital.
Trabaje en su futuro, la muerte es el suceso
de cada instante humano .Construya su final.

Si Usted no se imagina la forma de su muerte,
tal vez nuestro consejo lo pueda asesorar;
revise nuestras listas y no se desconcierte,
hay planes especiales ,se pueden financiar.

Tenemos accidentes a gusto del violento;
discreta espiroqueta si quiere lo sensual;
pondremos una bomba debajo de su asiento,
si acaso lo seduce la muerte general.

Y ahora nuestra oferta, por siglo aniversario:
es la pequeña muerte cumplida al trabajar;
Se obtiene a sola firma y se entrega en el horario
que cumple en su oficina. Lo van a indemnizar.

¿No ha visto en su trabajo, su muerte de papeles,
suicidios giratorios y clips para enterrar?
Lo apuntan las agujas de los relojes crueles
que cargan sus fracasos, antes de disparar.

No espere que lo maten los funcionarios fieles
que cumplen su rutina: salir, volver a entrar,
aquellos que en la percha colgaron los laureles
al himno arrodillaron y saben recaudar.

 

 

 

Ni canto, ni esperanza

«…en cuya noche un ruiseñor había,
que era alondra de luz, por la mañana»
(Rubén Darío)

La vieja alondra con perfil sombrío
repite al cielo su pregunta vana,
cuando puntual la luz de la mañana
deshoja su pupila en el vacío.

Y el Cielo le contesta en el rocío
que pone en cada flor samaritana,
consuelo del Azul que la profana
y llanto por la ausencia de Darío.

¿Porqué‚ calló?, preguntase la alondra
buscando al ruiseñor enmudecido.
¿Tal vez se fue‚ con él, tras de su sombra,

la del poeta nunca repetido?
Acaso en su silencio a mi me nombra
con el lenguaje del amor perdido.