Profesor Dr. Antonio Bautista Bettini

Palabras del Prof. Dr. Guillermo Ouviña en ocasión de rendirse homenaje a La memoria del Prof. Dr. Antonio B. Bettini en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional de La Plata, el día 5 de agosto de 1994.

He sido honrado por un grupo de ex alumnos de la Universidad Nacional de La Plata para hablar en este acto en recuerdo y homenaje al Profesor doctor Antonio Bautista Bettini. Ambas acciones, recordar y honrar importan, para mí, un inexcusable deber, aunque para cumplirlo deba referirme a hechos y consecuencias dolorosas, lamentablemente pródigas en la dimensión de esta tragedia platense, en la que debemos recordar y honrar a una familia diezmada por la irracionalidad de quienes decidieron dividirla, aunque por obra del recuerdo, desaparecidos y presentes vuelvan a integrarse. Venimos pues a pronunciar el elogio dela memoria, sin la cual el olvido puede consumar innobles claudicaciones éticas.[leer más]

Indagación sobre la Pena

Conferencia brindada durante el ciclo de conferencias sobre Ciencias Penales, organizado por el Servicio Penitenciario Federal en el Teatro Municipal General San Martin, el 5 de octubre de 1984.

Me propongo examinar los siguientes problemas:

1. ¿porqué razón al sufrimiento de una persona debe seguir el padecimiento de otra? y

2. ¿porqué esa suma de dos males no es un Mal mayor, sino un Bien?

Si tales interrogantes tuvieran una explicación racional, la Pena —antiguo invento de los hombres que agrega al padecimiento de la víctima la aflicción del condenado— tendría justificación.

Un elevado número de respuestas se ha intentado. Sin embargo, la cuestión dista de estar solucionada, y, por el contrario, parece estar oscurecida por la interferencia de presupuestos no explicitados. Además, el problema de la pena conmueve algo más que nuestro quehacer intelectual, pues, con frecuencia tiene raíces afectivas y, por lo tanto, susceptibles de enturbiar la claridad de nuestra reflexión, por los muy variados modos de nuestra vida emocional. Sabemos que el amor ciega a los hombres, y que, como enseñaba el maestro Carrara, también existe el amor al verdugo. Pero, debemos también admitir que pasiones ajenas al amor pueden producir los mismos resultados. Así, entre los enamorados del castigo y los que odian al Derecho, la Pena viene cumpliendo su tarea. Alentada por los primeros ha llegado a extraviarse fuera de las fronteras de lo razonable. Acosada por los segundos, ha dejado, no pocas veces, de estar presente donde el deber la esperaba. Excesos y omisiones fueron alterando su respetabilidad, a punto tal que hoy aparece vieja y difamada.[leer más]

Un talón de Aquiles en el debido equilibrio de los poderes del Estado: la pretendida dependencia de los Fiscales.

Europe’s-Achilles-heel-e1388096345788-266x300El nombre del Club del Progreso se encuentra asociado, por cierto de modo casual, al origen de uno de los más prolongados debates que se han librado a propósito de la independencia o dependencia del Ministerio Público Fiscal, cuestión relevante para el verdadero imperio de la supremacía constitucional en un Estado de Derecho. 

Los argumentos que expusieron quienes estimaban que los Fiscales dependían del Poder Ejecutivo se alineaban en torno a la llamada “tesis González”. Los que sostenían lo contrario, en base a claras normas constitucionales y legales, consideraban que eran funcionarios judiciales y que el Poder Ejecutivo no podía darle órdenes a menos de violar una expresa prohibición de la C.N. (actual art.109).

En esta dura disputa jurídica, que se prolonga por más de cien años y que, como hubiera dicho Bielsa, dejó muertos, heridos y contusos, no faltaron trapisondas políticas, ni razonamientos falaces. Vale recordar el episodio que le dio origen, dotado de alto valor pedagógico para nuestra educación cívica.

En diciembre de 1899 un ministro del Poder Ejecutivo ordenó a un Fiscal de primera instancia que realizara las diligencias necesarias para que se lograra el allanamiento de la sede del Club del Progreso y se detuviera a algunos contertulios que estaban jugando al bacará, por practicar juego clandestino.

El Fiscal sospechó que algún interés distinto al debido castigo de las contravenciones, motivaba esta poco habitual preocupación de un Ministro del Poder Ejecutivo, pues los posibles infractores estaban ya identificados y, precisamente, eran opositores políticos del gobierno. Supuso que se pretendía utilizar al Ministerio Público Fiscal como un instrumento alejado de aquél que sabiamente el codificador Obarrio había establecido en el art. 118 del por entonces reciente Código de Procedimientos en materia penal, según el cual correspondía a los Fiscales el estricto contralor de la legalidad.[leer más]