Regreso

Camina por Boedo un sentimiento
que empilcha los colores azulgrana,
que tiene como origen la sotana
de un fraile con más yeca que Convento.

Camina la nostalgia a paso lento,
con miedo al gol en contra- tropezones
del alma y la memoria en los tablones
de Avenida La Plata al mil seiscientos

Es la cancha perdida, sinsabores,
Es la diestra cortando en el vacío
que saluda a los once jugadores

Es el grito de siempre, del gentío
El Ciclón! El Ciclón!, los Matadores…
y es mi viejo de vuelta al lado mío.

El Galeote

Soy un ladrón. Mas un ladrón sin suerte.
Aferrado a la cruz de esta madera,
busco en vano algún Dios. Si al menos viera
que estás Jesús, al lado de mi muerte.

Otro fue el buen ladrón que pudo verte.
En cambio, yo padezco esta Galera,
duro presidio en mar, letal manera
del perpetuo remar. Temo perderte.

Mi cuerpo es una larga herida abierta
que el látigo renueva en la marea.
Ya no me duele, sólo me despierta

cuando mi tosca lengua de galeote,
entre sueños le dice a Dulcinea:
“Yo soy aquél que liberó el Quijote…”

El Verdugo

Si no fuiste inmortal, como presiento,
primerizo serás para tu muerte.
Seré la comadrona en esta suerte
de oscuro y regresivo alumbramiento.

Repliégate en tu ombligo, primo asiento,
pues vuelves a la Nada, donde inerte
serás el viejo origen que se invierte
hacia el polvo final que espera el viento.

Has de sufrir en esta despedida,
como al nacer. Por su misión macabra,
es mi segur, un arma aborrecida.

Mas, cuando el hacha la garganta te abra,
podrás ver el reverso de la vida
en la raíz de tu postrer palabra.