Las nubes

No sé si por ocultas sepulturas,
cumplidos los rituales de la gloria,
se fueron para el cielo, sin memoria,
las almas de las muertas esculturas.

Imágenes perdidas, sus figuras
procesan por la extraña lejanía.
Metáforas del agua. Se diría
que son, al fin y al cabo, travesuras.

Tal vez serán el humo convenido
de un código secreto, las señales
que mandan los caciques ancestrales.

Acaso Dios temiendo estar perdido,
cual sabio Pulgarcito precavido,
las puso como migas celestiales.

Cambios

Ella estaba sola,
tan sola,
completamente sola,
que todo repertorio de consejos,
de buenos consejos,
de malos consejos,
no le trajeron compañía,
ni buena, ni mala.
Ella seguía sola,
tan sola
en las nocturnas horas,
y en los fatigados días.

Cuando era niña,
tan niña,
apenas una niña,
no le faltaron abuelos,
ni primos;
primos hermanos,
primos lejanos,
ni comprensivas tías,
ni cercanías
con cordiales vecinos.

Cuando era muchacha
no muy bella
ni fea,
comenzó a conocer la distancia.
Primero con las muertes,
después con las mudanzas,
porque la gente cambia,
de lugares, de rostros,
de gustos y costumbres.
Se fueron los abuelos,
enfermaron las tías,
mudaron los vecinos,
y los primos cercanos
se hicieron tan lejanos,
que cuesta recordarlos
en las fotografías.

Cuando ella se hizo vieja,
pero no una vieja mala
sino una solitaria vieja,
se le acercó un gato,
y luego otro,
y otros,
y nunca más estuvo sola.
Apenas, algo loca.

Olímpicas

Nostálgicos de amor, atormentados,
los dioses nos envidian los placeres
que guardan en sus muslos, las mujeres
de vientres y de pechos sonrosados.

Los dioses nos envidian…Los malvados
conspiran en sus bajos menesteres
y exclaman ante Zeus ” No los toleres…
Castiga a los que estén enamorados.

Y Zeus por contentar tamaña envidia
derrama de los males celestiales
los celos, la sospecha, la perfidia,
y turba así el amor de los mortales.

No importa del placer la amante carga.
También la almendra gusta y es amarga.