El Pirata

¿Dónde estará el audaz filibustero
que prodigaba el crimen por los mares,
con la cabeza oculta en los lunares
de su pañuelo tosco y marinero?

No sé si por buscar, aventurero,
de algún perdido lar, los lupanares,
se hundió con sus tatuajes y collares,
y entre corales duerme prisionero.

Defenderá, tal vez, su calavera
algún bastión corsario. Su constancia
confundirá la muerte verdadera.

O acaso lo proteja mi manera
de no poder vencer tanta distancia,
y navegar con él, como en la infancia.

El sueño

Hospicio temporal. Casa y locura.
Carnaval de las sombras, Inconciencia.
Aparente morir. Impertinencia
de concebir enigmas, sin cordura.

Albergue del deseo. Desventura.
Impúdica traición a la inocencia.
Refugio de la culpa. Sin clemencia
soporta la verdad, virgen e impura

En medio de su angustia, con la llave
guardada en el bolsillo de la infancia
va abriendo los olvidos. Su ignorancia

pretende descifrarlos sin la clave.
Y a punto de lograrlo, desconcierto…
Las máscaras se van. Está despierto.

La lluvia

Maga otoñal, amiga del momento.
Caricia humedecida. Don del cielo.
Al fin hallaste, por final del vuelo,
el horizonte gris del pavimento.

El abrazo fugaz pasó. Presiento
el dolor del adiós, el desconsuelo
de la amistad barrida por el suelo,
entre las hojas que amontona el viento.

Toda lluvia nos pide ventanales
tras los cuales divaga la mirada,
perdida en los paisajes de la Nada.

Nos confunden, a veces, los cristales
con reflejos de un rostro envejecido,
que se puso a mirar porque ha llovido.