La Calumnia

Preparo mi maldad, que es alimento
de la envidia que mora en los mortales,
dejando mi rumor en los umbrales
de la fama del hombre de talento.

Y la dejo crecer, sin fundamento,
pues la gente dispone que los males
ya existen. Si se nombran son reales,
y aceptan la patraña que yo invento.

Delito mineral, soy la pedrada
que rueda por las calles su vileza,
y nadie recupera ya arrojada.

Mas, no siempre consuno mi proeza.
Ciertas veces me siento defraudada
pues hay hombres que admiran la bajeza.

El Estafador

Hijo incestuoso de la Diplomacia,
por familiar desliz nací en el Hampa.
Acaso en toda génesis la trampa
simule su blasón de aristocracia.

De mi padre heredé toda la audacia
que permite burlar cualquier decencia.
De mi madre el engaño, la paciencia
y el hacer la maldad con cierta gracia.

Salamandra del verbo, yo lo inicio
al más astuto en el tramposo rito
de ayudarme a causarle su perjuicio.

A mi modo de ver no es un delito,
pues si bien yo recaudo el beneficio,
lo que quiero me dan. Nada les quito.

El Juglar

Mi fatiga es el andar peregrino
y mi sed el mal gusto por la ausencia
de aquel canto que tuvo la ocurrencia
de perderse en tabernas del camino.

Ten paciencia Milord, pues adivino
que mis versos vendrán sin consistencia,
si no logro encontrar antes la esencia
que dormita en el fondo del buen vino.

El duende que el laúd guarda escondido,
en cuanto escancie el líquido sonoro
sugerirá canciones en mi oído

Y aunque sea fugaz, da por perdido
tu poder, tus amores y hasta el oro,
pues serás uno más haciendo coro.