El Alquimista

Un día descubrió en Alejandría
secretos que ignoraban sus iguales,
uniendo en impensados esponsales
sustancias ignoradas todavía.

Así logró ejercer con maestría
las artes que transforman los metales,
llevando a la redoma las nupciales
caricias con que al oro seducía.

Y le advirtió el Amor, viejo alquimista,
el posible fracaso del conjuro:
el débil quedará a merced del duro
para que el par unido siempre exista.

Mas, a veces la alquimia es ilusoria,
pues toda sumisión es transitoria.

El Tango

Nos baila una traviesa espiroqueta,
cada tanto en la vena literaria,
legado del desliz de un proxeneta
versado en tradición prostibularia.

Con prontuario de cantor y poeta,
vestido con prosapia funeraria,
abraza a la mujer, falda indiscreta,
y bailan en pareja una plegaria.

La danza es el abrazo de un ausente.
De un imposible amor, la despedida.
Caída está la máscara decente

de la formalidad de nuestra vida.
El tango deja el alma desvestida
para hacer el amor ante la gente.

El Usurero

El calculado goce lo encamina
con la senil pasión del viejo amante,
y orienta entre las sombras la distante
alcoba del placer que ya imagina.

El candelabro en mano le ilumina
el mudado color de su semblante,
y muestra que en su cuerpo vacilante
un temblor voluptuoso lo domina.

El avaro es amante. Mas, prudente.
Comprende que el dinero no envejece;
lozano está en su cofre. Mientras, crece

Y luego de contarlo, diligente,
calcula el capital de sus placeres,
y el interés ahorrado, sin mujeres.